sábado, 7 de junio de 2014

Un mercado que se fagocita

 Esta entrada es una reflexión sobre el mundo del software comercial, se harán muchas alusiones al mundo de los videojuegos, pero no va a ser de carácter exclusivo.

 Como jugador y coleccionista de videojuegos, es normal que me dé cierto "reparo" adquirir productos en descarga digital, y se podría decir que es así hasta el punto de ser un defensor de servicios como PS Plus, que aún sabiendo que los juegos son un préstamo prolongado en el tiempo, tampoco son una adquisición. Recuerdo la pequeña decepción cuando conecté mi PS3 a internet y me avisaba de un parche para mi recién comprado Fallout 3, no importa que el tamaño del parche fuesen ni más ni menos que 3,5 gigas, sino que por primera vez, aquello que tenía en formato físico, ya no servía para coleccionar, tenía mi juego en un disco, está bien, pero mi juego estaba roto, y si en Fallout 3 quizás no fuera para tanto, hay célebres ejemplos de juegos como Enslaved, Castlevania o Skyrim donde los bugs devoran el producto.

 Quizás el lector piense que ahora viene una defensa a ultranza del formato digital pero nada más lejos de la realidad. No hace ni dos días que me decidí a actualizar Sonic Dash en la tienda de Amazon, tenía un gran desarrollo del juego, 98% de los logros, que no es poco, pero la susodicha actualización eliminó todos mis avances, no quiero pensar que hubiera sido de mí si hubiera llegado a efectuar alguna compra "in-app" porque además habría perdido por un producto que he pagado. Con Real Racing 3 me pasó algo similar, una actualización me dejó un mes sin jugar...

 También la compra de aplicaciones tiene sus riesgos, no ya sólo que desaparezca la aplicación del mercado de turno, sino que se den casos como los de Dead Trigger, Asphalt 8, Quickoffice, en los que el cliente paga y al tiempo se siente frustrado porque la aplicación por la que pagó se volvió gratuita.

 Servicios dirán algunos, pero estos cambios, esta lucha por evitar la piratería, esta ansia y voracidad por tener más juegos de los que vas a jugar jamás en tu cuenta de Steam nos han llevado a que se compre de manera descontrolada, a que nos regalen productos con tal de mejorar estadísticas y a que quienes de verdad ofrecen un producto de calidad al final decidan que es mejor cobrar una suscripción que intentar una venta, sea Office de Microsoft un ejemplo o los juegos de rol en línea otro.

 No sé cómo hemos llegado a esta situación, pero el futuro es claro, y no queda claro si nos empujan ellos o nos arrojamos nosotros.

 Y el futuro se llama... streaming

 La palabra que nadie quiere oír, el juego/programa no es tuyo, requiere conexión permanente a internet y aunque funcione perfecto en la máquina que lo ejecuta eso no implica que a ti te vaya igual ¿Pero qué le vamos a hacer? Los parches ya están, no hay que bajarlos, la potencia de tu máquina no limitará su rendimiento, no hay piratería posible, y pagas por algo que no tienes y que otro decide cuando puedes usar, además siempre vas a pagar, beneficio seguro. Puede que a la larga funcione perfecto, aunque empiezo a pensar que muchos de los fallos de hoy en día son intencionados.

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